Los anuncios de la crisis

¿Recuerdan cuando los domingos La Vanguardia era un diario grueso? Un diario con un gran número de gráficas publicitarias de página entera a todo color. Publicidad de todo tipo de productos pero con predominio del sector automovilístico. De todo esto no hace mucho, yo misma iba a comprarla para que los clientes de nuestro negocio familiar pudieran leerla mientras desayunaban. No era el mismo peso el de lunes a viernes que el del fin de semana. Lo recuerdo perfectamente. Ya no compro el diario para los clientes, pero en casa -a pesar de la fuerza de las versiones digitales- aun hay quien diariamente lee la prensa en papel acompañado de un buen café. ¡Y que no se lo quiten!

No les engañaré. De pequeña, aparte de ir a comprar los periódicos también hacía otra cosa. Ahora me informo y tengo predilección por algunos periodistas y secciones, pero sigo haciendo algo que hacía de pequeña: mirar anuncios! Sí, cuando no era publicitaria -ni sabía que existía esta profesión- hacía lo que cualquier anunciante hubiera deseado, es decir, prestar completa atención a todos los anuncios del periódico. Ya ven, un hobbie que en mi caso ha ido mucho más allá.

Este domingo, después de haber pasado por varias manos, pude interceptar el diario en papel y puse en práctica lo que tanto me gustaba hace unos años. ¡Y qué decepción! Pero no una única decepción… ¡Una decepción doble! Había pocos anuncios, pero gran parte de ellos no eran del tipo que a mí me gustaba mirar de pequeña.

Que el número de anuncios en la prensa escrita ha bajado no es ninguna novedad. Los compañeros periodistas hace tiempo que nos lo dicen. Hace tiempo que lo padecen. Pero que los anuncios que hay en su mayoría no se correspondan a los niveles que puede ofrecer la publicidad del siglo XXI es preocupante. De acuerdo que no estamos en la época dorada de la publicidad, la que vemos en la serie Mad Men. Las cosas han cambiado. Pero, aparte de una única gran gráfica del sector automovilístico que en parte apelaba al precio, ¿saben que me encontré el otro día? Aquí les dejo una muestra muy simbólica. ¡No pierdan de vista que muchas eran gráficas de página entera!

¿Sorprendidos? ¡Yo sí! Estas gráficas no muestran la publicidad que los publicitarios podemos hacer hoy en día. No muestran la esencia de las lovemarks de Kevin Roberts, ni la apuesta por la emocionalidad de David Ogilvy, e incluso me atrevo a decir que tampoco reflejan el argumentario racional de Rosser Reeves.
Siempre advierto sobre lo importante que es tener en cuenta el contexto cuando se trabaja en el ámbito publicitario, pero quizas e en el ejemplo se refleja damasiado, ¿no creen? En estas gráficas no veo conceptos. No veo textos publicitarios ni dirección de arte. Es una lástima. Estos son los anuncios de la crisis.

Díganme melancólica o soñadora. Como ustedes, también conozco la crisis. Pero me encantaría abrir el periódico y volver a ser aquella niña que gozaba mirando los anuncios del domingo. Los anuncios de la crisis parece que hayan matado la creatividad. ¿Alguien la encuentra por alguna parte, en estas piezas? La publicidad ha perdido muchas cosas, pero no deberíamos dejar perder lo que tanto nos gusta a los que nos dedicamos vocacionalmente a este mundo.