De calçotada en L’Escala

15 de Enero de 2016

14h, El molí de l’EscalaCamí de les Corts s/n, L’Escala (Girona).

Es un viernes laborable, pero después de pasar por el gimnasio, hacer una reunión y contestar algunos e-mails cojo el coche en sentido a L’Escala. Música, gafas de sol y AP-7 arriba, que en El Molí de L’Escala me esperan para hacer la primera calçotada del año. ¡Girona me enamora y el Empordà también! Me enamora su hablar, su talante y su gastronomía. Cuando voy nunca me deja indiferente. Pero si además el encuentro gerundense es en casa del chef Jordi Jacas acompañada de un buen grupo de amantes de la gastronomía, el plan de viernes es inmejorable.

Entrando en L’Escala: rotonda a la derecha y de cabeza en el parking de El Molí de L’Escala. Llego justo a tiempo y me acogen con una Estrella Damm. ¡Empieza la diversión!

El Molí de l'Escala

Jordi está en la brasa y, a pesar de que todos somos muy tragaldabas, debe luchar un poco para conseguir que nos sentemos a la mesa. Somos bastantes, hacía tiempo que no nos veíamos y tenemos mil temas pendientes para comentar. Pero Jordi lo consigue y damos pie al inicio de la primera calçotada del año con un aperitivo bien completo:

  • Anchoas de L’Escala (seria pecado ir y no comerlas),
  • Queso Taüll del Llac de Sant Maurici (leche cruda de cabra con corte animal),
  • Embutidos de Can Roca de Ventalló,
  • y pan con tomate.

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Entre fotos (algunos no lo podemos evitar) y conversaciones pasa el tiempo volando. De pronto veo que los camareros entran con unas cajas que llaman mucho la atención. ¡Son los calçots! Están escondidos en papel de periódico y también encontramos dos salsas (romesco y romesco con anchoas), un babero y una toallita húmeda. Empieza el espectáculo y los que no tenemos mucho desdén no podemos ocultarlo. Las fotos que lo muestran las dejamos para el archivo histórico 😉

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Después del verde toca el rojo. Rojo de fuego o de sangre, va a gusto del consumidor. La cuestión es que llega el momento del txuletón de vaca vieja producida por Imanol Jaca de Txogitxu. Hecho por fuera y curtido por dentro… si soys carnívoros, me entenderéis. Todo ello acompañado de patata con salsa tártara, pimientos del padrón y pimientos del piquillo a la brasa. Como veis, un señor festival gastronómico que, en mi caso, acompañé de un vino blanco muy curioso y con una historia peculiar: L’Abrunet de las Bodegas Frisach.

Abrumet

Y toda buena comida no puede terminar sin un buen postre: una “euskal” crema que hacía muy buena pinta y tenía mejor gusto. Llevaba tres capas: bizcocho, crema y nata con un toque de canela y nuez moscada. ¡Oh, qué placer! Una propuesta que sigue la versión vasco-catalana de la calçotada.

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¿Vosotros conocéis El Molí de L’Escala? ¿Y habéis hecho la primera calentada?