aventuras y desventuras de un emprendedor

A menudo pienso en abrir una categoría o un espacio en la web llamado “aventuras y desventuras de un emprendedor“. Este sería, más o menos, un nombre bonito. Pero donde digo emprendedor también podría decir alguien que decide poner un proyecto en marcha, un autónomo, un freelance, un ejecutor o, sencillamente, de alguien que quiere hacer realidad lo que inicialmente sólo era una idea.

El término emprendedor se ha convertido en un término pervertido. Su significado original ha visto crecer a su alrededor una plaga de connotaciones donde parece que el emprendimiento debe ser la salvación de los problemas laborales de todo el mundo o, simplemente la profesión más cool del siglo XXI. Y, por favor, dejadme dudarlo porque como todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

Emprender, sí. Pero en algún ámbito concreto que nos guste y nos apasione. Si emprendemos por el simple hecho de emprender y descuidamos la PASIÓN, en mi opinión, hay un elevado porcentaje de posibilidades de caer en el fracaso. Y en esta batalla estamos, en una lucha que sin pasión hace tiempo que habríamos abandonado.

Emprendedora no es la palabra con la que me gusta definirme. Directamente soy comunicadora, al tiempo autónoma que intenta sacar un proyecto adelante (o, según se mire, más de uno). Y es en este punto donde se convierte en el equilibrismo entre tener que trabajar los gastos que nos permitirán vivir (ganarse un sueldo) y el hecho de tener tiempo para sacar adelante un proyecto que no da beneficios (y genera gastos) y que en un futuro te gustaría que al menos tuviera un resultado cero en su balance económico. Si éste pudiera ser positivo, sería motivo de celebración.

He aquí uno de los grandes dolores de cabeza de los mal llamados emprendedores. Lo que no es muy atractivo de explicar o incluirse en un storytelling que atrape al público, pero una gran realidad con la que seguramente colisionamos, colisionaron y colisionarán infinidad de personas. Y bien, esta es sólo una parte, hay otro como el mundo de la facturación, los impuestos, el hecho de perseguir a los clientes para que te paguen, entre otras en las que hoy no me detendré.

Intento hacerlo lo mejor posible y no tengo consejos de cómo hacerlo mejor o peor. Me parece que es una asignatura pendiente, al tiempo que admiro plenamente en aquellos que un día se pusieron y han conseguido sus objetivos o, incluso, superarlos. Simplemente he creído interesante compartir esta inquietud con aquellos que entráis a la parte más personal del blog.

¡Qué la pasión no nos abandone!