Muerte digital, ¿es posible?

Es evidente que cada día somos más conscientes de la importancia de nuestra identidad digital. Sin embargo, en menor medida, hay un debate abierto sobre qué pasa con ella cuando morimos. Reconstruir la identidad de una persona que murió hace un siglo requiere invertir cierto tiempo en investigar en archivos, hacer entrevistas y saltar de pista en pista hasta llegar a lo que buscamos. En cambio, reconstruir la identidad de una persona que morirá en la década de  la sociedad red, seguramente, será mucho más fácil debido a su rastro digital. No podemos negar que la identidad digital traspasa fronteras.

Es un tema abierto del que todavía nos queda mucho por debatir, si se quiere tratar en profundidad. Sin embargo empezamos a ver muestras de cómo puede evolucionar esta nueva faceta de la identidad digital. Hace unos días conocía una interesante propuesta para los usuarios de Twitterfoowill.com. Foowill es una web que permite enviar “post tweets“, es decir, los tweets que se publicarán una vez el twittero haya muerto. Esta web ha sido creada por un ingeniero mallorquín, Edu Herraiz, con el objetivo de ahorrar duras situaciones a los familiares de un difunto que fuera muy activo en la red y que se quisiera despedir de sus seguidores. Una situación así inspiró a Herraiz.

Otra propuesta más cercana y de alcance más amplio nos llega de la mano de Cementiris de Barcelona A los que pensabais que era demasiado, encontrar los QR en los envases de  yogur, ¿qué os parecería encontrarlos en los nichos? Pues esto ya es una realidad. La descubrí hace unos días mientras conversaba con el amigo Guillem Genovès. Este sector también se adapta a las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información. Los cementerios de la capital catalana, además de pantallas táctiles -instaladas en los cementerios de Poblenou, Les Corts y Sarrià- para localizar nichos, ya podemos encontrar sepulturas con códigos QR. El proyecto de Cementiris de Barcelona prevé que cuando los códigos QR se descodifiquen sean una forma de recordar al difunto a partir de la visualización de textos, imágenes, vídeos y otros elementos que seguramente hoy no nos imaginamos.

Los libros de condolencias, hasta ahora físicos, también saltan al ámbito digital. En la red ya tenemos el ejemplo de Rememori, una web donde, día a día, se publican todas las defunciones que ha habido en España y donde cualquiera puede enviar su mensaje. De todas formas es muy probable que estos nuevos QR, con el tiempo, también puedan incorporar un espacio para dejar condolencias o mensajes a los difuntos en cualquier momento.

Pero, aún hay preguntas de difícil respuesta. ¿Quién debe decidir poner el código QR, los familiares o los difuntos?, ¿Quién tiene derecho a descodificarlo?, ¿Dónde se sitúa el límite de los contenidos que mostrarán estos códigos?, ¿Dónde queda el derecho al olvido de los difuntos?

¡El debate está servido! ¿Vosotros que opináis?